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NOSOTROS

miércoles, 12 de octubre de 2011

EL DIOS DE LAS PEQUEÑAS COSAS Arundhati Roy


Era una casa preciosa.

De paredes que fueron blancas. De techo rojo. Pero pintada ahora con los colores del tiempo. Con pinceladas de la paleta de la naturaleza. Verde musgo. Ocre terroso. Negro descascarillado. Que hacían que pareciera más vieja de lo que era en realidad. Como un tesoro hundido, sacado a la superficie desde el fondo del océano. Besado por ballenas y percebes. Envuelto en silencio. Respirando burbujas a través de sus ventanas rotas.

Una ancha galería la rodeaba por completo. Las habitaciones estaban retranqueadas, enterradas en las sombras. El tejado de tejas se inclinaba como los costados de un barco inmenso puesto del revés. Las vigas podridas, sostenidas por pilares que fueron blancos, se habían combado en el centro, lo que había abierto un agujero enorme como un bostezo. Un agujero de la Historia. Un agujero con forma de Historia en el universo, a través del cual salían, a la hora del crepúsculo, nubes densas de murciélagos silenciosos como el humo de la fábrica, que se dispersaban en medio de la noche.

Volvían al amanecer con noticias del mundo. Un nubarrón gris en la distancia rosada que, de pronto, se agolpaba por encima de la casa y la oscurecía antes de lanzarse en picado al agujero de la Historia, como el humo en una película marcha atrás.

Los murciélagos dormían todo el día, cubrían el techo como un forro de piel. Salpicaban los suelos de cagadas.

Los policías se detuvieron y se desplegaron en abanico. En realidad, no era necesario, pero les gustaban esos juegos de Tocables.

Se colocaron en posiciones estratégicas. Agachados junto al murete bajo y roto de piedra que hacía de linde.

Una meada rápida.

Espuma caliente sobre piedras tibias. Meada policial.

Hormigas ahogadas en burbujas amarillas.

Respiraciones profundas.

Y luego, todos juntos, apoyándose sobre codos y rodillas, se arrastraron hacia la casa. Como los policías de las películas. En silencio, por la hierba. Con largas porras en la mano. Con ametralladoras en la mente. Con la responsabilidad del futuro de los Tocables sobre sus hombros débiles, pero aptos para la misión.

Encontraron a su presa en la galería trasera. Un tupé deshecho. Una fuente con un «amor-en-Tokio». Y, en otra esquina (tan solo como un lobo), un carpintero con esmalte rojo en las uñas.

Dormido. Lo que convertía todo aquel montaje Tocable en un absurdo.

El ¡uh! de la sorpresa.

Con los titulares ya en sus cabezas.

FORAJIDO ATRAPADO EN OPERACIÓN POLICIAL.

Por su insolencia, por aguar la fiesta, la presa pagó. ¡Oh, sí!

Despertaron a Velutha a golpes de bota.

Esthappen y Rahel se despertaron con los gritos de alguien cuyo sueño se ve sorprendido con la rotura de las rodillas.

Los gritos se les ahogaron en el estómago y se les quedaron flotando como peces muertos. En el suelo, encogidos y petrificados, entre el espanto y la incredulidad, vieron que el hombre al que estaban pegando era Velutha. ¿De dónde habría venido? ¿Qué habría hecho? ¿Por qué le habrían llevado allí los policías?

Oyeron el ruido de la madera sobre la carne. El de las botas sobre los huesos. Sobre los dientes. El gruñido sordo que se emite cuando un estómago recibe una patada. El crujido amortiguado de un cráneo sobre el cemento. El borboteo de la sangre entremezclado con la respiración al clavarse una costilla rota en un pulmón.

Con los labios morados y los ojos como platos miraban hipnotizados algo que percibían, pero no podían comprender: la ausencia de apasionamiento en lo que hacían los policías. El vacío donde debería haber cólera. La brutalidad medida, constante, la economía en todo aquello.

Como si estuvieran abriendo una botella.

O cerrando un grifo.

O cascando un huevo para hacer una tortilla.

Los gemelos eran demasiado pequeños para saber que aquellos hombres no eran más que unos secuaces de la historia. Enviados a cuadrar los libros y hacer pagar a los que transgredían sus leyes. Impulsados por sentimientos que, aunque primarios, paradójicamente, también eran impersonales. Sentimientos de desprecio que nacen del miedo embrionario, no reconocido, del miedo de la civilización ante la naturaleza, del miedo de los hombres ante las mujeres, del miedo del poder ante la falta de poder.

Esa urgencia subliminal de destrozar lo que no se puede someter ni deificar.

Las Necesidades de los Hombres.

Lo que Esthappen y Rahel presenciaron aquella mañana, aunque entonces no lo sabían, fue una demostración clínica controlada (después de todo, aquello no era la guerra ni un genocidio) de la búsqueda del dominio de la naturaleza humana. Estructura. Orden. Monopolio absoluto. Era la historia humana, disfrazada de Intención Divina, revelándose a una audiencia menor de edad.

En lo que ocurrió aquella mañana no hubo nada accidental. Nada imprevisto. No fue un ataque aislado ni un ajuste de cuentas personal. Aquélla era una época que dejaba huellas en quienes la vivían.

La Historia en una puesta en escena en vivo.

Si hicieron a Velutha un daño mayor del que pretendían, fue sólo porque hacía mucho tiempo que se había cortado cualquier afinidad, cualquier punto de contacto, entre ellos y él, cualquier implicación, aunque no fuera más que la biológica, pues era un ser humano como ellos. No detenían a un hombre: exorcizaban su propio miedo. No disponían de un instrumento para calibrar cuánto castigo podía soportar. No tenían manera de calcular qué daños le habían causado o hasta qué punto.

jueves, 30 de junio de 2011

VI COMO SE CERRABAN TUS OJOS


Vi Como se cerraban tus ojos, en el metro, vi como se cerraban lentamente, como quien mirara a un lago que se aleja, en el recuerdo; o como si mirase a la calle, a las casas de mi pueblo antiguo, borradas tras el manto lento de la lluvia, tras la sorda cortina de los días. Vi como trepabas a otro mundo y me consideré un elegido.

Nadie más te veía, nadie más se interesaba por tu patio de juegos, ni por tus luces tenues encendidas hasta tarde; cualquiera diría al pasar, cualquiera diría como hago yo desde esta vereda, que mientras te cepillabas largamente el pelo, frente a tu ventana del segundo piso, junto a la lámpara de luz amarilla, en el invierno de nuestra soledad; cuando cae espesa la lluvia desde temprano; cualquiera casi aseguraría que tu, en tu mundo cercano, alcanzabas a ver fugazmente mi imagen, detrás de los vidrios de un carro de metro, sin más tiempo para hablar; tu recuerdo pasaba y se confundía entonces con mi propia experiencia, en el lapso en que cerrabas lentamente tus ojos.

Y me dije, como si prometiera, que nunca más sería como esas aves insensibles de colores, que van por la calle sin darse cuenta del carrusel sonoro que tiembla; sin saber que tras de cada proyectarse de la mirada, por entre los puntiagudos y altos techos antiguos, un extraño mundo espeso como salido desde dentro mismo de la lluvia, cae interminablemente tanto afuera como dentro.

Y mi imagen borrosa desde la vereda de enfrente de tu ventana iluminada, se disuelve lentamente pasando a otro mundo y tiemblo.

Y es que entonces tuve miedo, pensé no sin razón que mentiría, que robaría en medio de la noche, que debería sentir vergüenza, que tendría que transitar una vez más todas las calles del olvido, oyendo en las campanas en la noche desolada, el sonido en el silencio, la palabra, el silencio de un hombre frente a si mismo.

Una ventana en medio de nada, lluvia a los dos lados, los vidrios nublados, el fulgor procede desde el interior.

Amor, tu esperabas, en tu mesa guardabas un plato y esperabas, la débil luz, el exiguo calor de la habitación era tu oferta, la luz del cuerpo que duerme entre bosques de antiguos y frondosos olivos, el sueño del que espera por siempre, del que teme solo a la falta absoluta del miedo.

Yo no seré un viajero que no acepta las dadivas, no seré un ciego entre las tumbas.

Despierto en medio de la noche junto a ti, te veo dormir como si nada, junto al mar, no puedo obviar el estruendo infinito de sus aguas.

Tu has tenido confianza con las olas, tu has ido a la escuela cuando ya no alumbra el sol, a buscar en un sueño los recuerdos perdidos.

Escuche ruido de trenes en la noche, y te lo dije; tu estabas a mi lado despierta, te conté como oía acercarse cada vez más el silbato lento y grave, te hable de como me daba cuenta de que en algún lugar cercano, lejanos trenes oscuros se agolpaban a esa hora oculta, en sus amplios y olvidados patios de descanso, como si de pesados objetos irreales se tratara, te referí acerca de como se reacomodaban, como se encajaban, de como se juntan amorosamente los carros entre si cuando no los vemos, golpeando pesadamente sus metales herrumbrosos en la oscuridad.

Me tomas de pronto por el hombro preocupada ¿Va pasando uno ahora? Me preguntas con los ojos como faros buscadores.

Y yo en la vía, me dejo mojar mientras te busco.

sábado, 24 de julio de 2010

EN SUEÑOS...



---- Que interesante es la profesión que hemos elegido estudiar. ¿no es así Teresa? Te he visto poniendo mucha atención en la ayudantía que doy, la de Procesos psicológicos,
Es bueno eso, ojala conserves el entusiasmo ---








--- Hola Miguel, pasa, siéntate conmigo a comer tu almuerzo que trajiste, sabes, los ramos como procesos psicológicos, son los que más me gustan, todos me gustan, se que son todos útiles, pero los que yo al menos considero más propios de la carrera, son los que prefiero. ---

--- Si te entiendo, a mi me pasa algo parecido, oye ¿Tu estudiaste la media en el Colegio San Luís cierto? Recuerdo haberte visto allí. --

--- Sí, ¿Cuando me viste? ¿Que te ibas a fijar en mi? ---

--- Si, tú no lo sabes pero siempre te observé, yo iba dos niveles mas arriba que tú, pero me gustaba sobre todo tu actitud, tan tranquila pero alegre a la vez, ahora no es fácil encontrarse con una chica así. ---

--- Ah, gracias, que anticuado eres para hablar, pero me gusta, es que en realidad yo soy introvertida, si, me cuesta expresarme con mayor soltura y confianza como quisiera, me siento como encerrada en las discos y el bailar, la verdad, en esas situaciones, sólo espero que pase el tiempo luego. ---

--- Bueno yo también soy un poco así, no me gusta mucho la actitud tan superficial y banal que es tan común, no entiendo esa gente que es tan extremadamente social, que no pueden no estar siempre funcionando en relación a otras personas, tener que pensar siempre integrados a algún grupo o pares, condicionando todo su ser a un modo, grupal, perteneciente. Y no encuentro que tú estés mal en realidad con respecto a aquello ---

--- Ah, gracias de nuevo, eres muy simpático ---

--- ¿Si? Y buen mozo j a ja ---

--- Ahh si….







Aquí en Mérida el tiempo todavía pasa un poco lento, esta ciudad aún conserva afortunadamente digo, ese espíritu de pueblo antiguo en algunos aspectos al menos, como lo son una cierta lentitud de las gentes, y una falta de nerviosismo en el tráfico, me bajo de la locomoción algunas cuadras antes de mi casa y desde allí me vengo caminando, varias otras personas caminan hacia sus casas también, claro que no creo que lo hagan a propósito como yo, es la hora de volver.
El de hoy ha sido un día difícil en el instituto, mucho trabajo que hacer y poca comprensión de parte del director, bueno eso es común, además, y esto sí es diferente, me ha llamado Felipe, me dice que se siente mal, que quiere seguir el tratamiento conmigo, le he dicho que el colega que ahora lo atiende es de los mejores y que yo no estoy aún en condiciones de verle, la verdad es que yo tampoco me siento muy bien y Felipe, es un caso difícil, su personalidad limítrofe es muy resistente y me afecta negativamente el verlo en sus estados de mayor exacerbación.








--- Ya llevamos dos años saliendo Teresa, me complace ver lo bien que nos hemos llevado en este tiempo ¿Te parece bien venir a comer a este lugar para celebrarlo? ---


--- Esta bonito este lugar Miguel, y es buena la atención ¿Sabes? Me estaba acordando de la fiesta de fin de año del tercero de la media? Tengo entendido que fuiste tú el que desanimó con tu presencia decidida, a esos tipos que aparentemente querían raptarme, no supe nunca como me dieron algo arreglado a beber, ni que “amiga” habrá sido su cómplice, la bebida tenía un fuerte somnífero y es posible que te deba la vida. ---


--- Talvez no la vida, pero en fin, fue un privilegio haber estado allí y haber podido serte de ayuda en ese momento tan difícil. ---

--- ¿Qué me quieres decir con que tal vez no la vida?


--- No lo se claramente, pero si se algo, se que quiero decirte algo, que quiero proponerte que, ¿Si quieres casarte conmigo? ---









Me he comunicado vía e mail nuevamente con Francisco, el escribe muy bonito y dirige una página de poesía en Internet, me animó a que mandara alguno de mis escritos, la verdad es que no sé cual mandar, tendré trabajo en decidirlo, me gusta esto de la poesía. Renato otro amigo del grupo Henequen, me dice que debo creer en la vida, que debo superar mi depresión, que nunca se sabe lo que hay a la vuelta de la próxima esquina, y que puede haber una luz.. y si ya no estás ahí; en fin, ese tipo de cosas, para él es fácil decirlo sin embargo, el no sabe lo que es el dolor que yo he pasado y que paso aún. Si hay algo que yo no puedo aceptar, eso es la traición, entendería talvez una falta de amor. ¿Pero un engaño así….? Son cosas de principios. He cambiado mi número telefónico poniéndolo como privado, no he recibido sus cartas, hasta a los conocidos les he dicho claramente que no me traigan sus recados ni mensajes, no quiero saber nada de él.

martes, 8 de junio de 2010

EN SUEÑOS DIGO TU NOMBRE



1


Porque estos días ha hecho demasiado calor, el aire en las noches está sofocante, así no se puede dormir y el verano parece que va recién comenzando, no se trata de sacar cubrecamas o cosas así, ya estoy durmiendo sólo con este camisón de lino, que es lo más fresco que se puede disponer y una sábana nada más encima; pero es como si en la noche escaseara el oxígeno en el aire, esa es la sensación que tengo. Y yo no me puedo acostar sin nada puesto, no, no como Mariana mi compañera del instituto que me cuenta, yo me siento extraña durmiendo desnuda, son cosas de costumbres, yo tengo que usar algo. Esa chica es como muy desenvuelta encuentro, esos vestidos tan vaporosos y cortos que usa siempre, hay que ver como llama a la vista de los hombres con sus piernas, que sin ser gruesas, van como aumentado su volumen, a medida que se sube, a mis compañeros parece que se les hiciera agua la boca.

Siempre cuando me pongo este camisón, recuerdo que me lo autoregalé para la pascua pasada, lo encontré en la feria artesanal de la plaza de Lo Vásquez, mientras paseaba mirando un poco ociosamente, algo no definido aún entre la multitud de objetos decorativos que habían, me gustan los tapices artesanales, las ropas y los jarrones de colores rojizos siena, como la tierra de los cerros de mi Mérida en los atardeceres.

Ya con esta van tres veces que no he tenido otra solución mejor que la de levantarme en medio de la noche y venir a la sala de estar, acá al lado de los ventanales de pequeños vidrios rectangulares y cerca de mis filodendros y del manto de Eva, que ya está florecido y perfuma el jardín, me siento un poco mejor, por la ventana entreabierta entra con cada leve brisa tibia, a ratos el dulce y profundo aroma de su único fruto maduro, como si una especie de maíz corto y redondo fuera. Me gusta acercarme a mis plantas en la noche, especialmente a esta de verdes, oscuras y pesadas hojas, me quedo mirando la tierra negra en la noche, me siento como confortada por unos recuerdos muy antiguos.

Debo parecer un alma en pena mirada desde afuera, a la luz azulosa de la luna, con este amplio camisón blanco, así alcanzo a verme en la imaginación, blanco invierno se llama su color, pero no logra ni con eso quitarme este calor de las noches

¿Cómo lo solucionará otra gente? A veces me acuerdo de él ¿Se distraerán en realidad del calor ambiente con el calor de sus cuerpos? Acercándose y queriéndose, los que viven en parejas se distraerán contándose como les ha ido durante el día, como han estado los niños con sus problemas; yo podría igualmente contarle a alguien de mis niños, de mis pobres pero maravillosos niños, siempre teniendo ellos algo que aportar, siempre pudiéndome dar alguna pista que me ayude a dar con el modo más indicado para llevar adelante sus tratamientos, eso que se llama resiliencia.

Pero yo no tengo a quien abrazar en las noches, a veces lo recuerdo a él, sí, pero es como si hubiera sido otro, como si fuera uno que murió o que se convirtió casi en un mito, a veces cuando….

Sólo a veces, cuando pienso en él, es como si fuera el pasado, el que viene a mis sueños más amables, es uno que no existe.

¿Tendrá algo de mágico la resiliencia, pensaba, algo como metafísico talvez? Pero que digo, si lo mágico no existe, es sólo una palabra que sirve para no ver las cosas como son, gracias a Dios tengo una educación científica y no caeré en esos consuelos, la verdad nada puede consolarme, pero no lo necesito.

domingo, 7 de marzo de 2010

ERAN OTROS LOS SOLES


Eran otros los soles contra los cuales corríamos desnudos sobre el pasto ondulante e infinito de nuestros esos los propios y los más olvidados encuentros en los que te sabíamos y que te tendíamos miradas como puentes en medio de la niebla; como acercándonos a ciudades invisibles y que estuvieron durante un largo tiempo suspendidas desden el cielo y a las que no podíamos adjudicar sin embargo, ni aunque tratáramos de hacerlo empleando para ello un gran esfuerzo y mucho tiempo, ninguna explicación convincente ni posible; pues sabido es que sólo pueden nombrarse de este modo tan cercano y tan directo, tan solo aquellas cosas para las cuales previamente existe una definición y por las cuales se haya venido.

Y nosotros entonces vistiéndonos del fuego en medio del desprendimiento de las cornisas y de los parapetos y azolados y estremecidos repentinamente en la rojiza luz de su ocaso. Como si tan solo fuese lo que buscásemos encontrar, nada más ni nada menos, que un resultado inevitablemente necesario en medio del manantial que ha permanecido intacto desde entonces junto a la inmensa pradera calcinada, desde dentro de nuestros mismos ojos en los que cada cierto tiempo, que no he podido calcular talvez debido a la falta de los instrumentos adecuados para la óptima medición de la incircunferencia, o quizás por desconocer el modo correcto con el cual poder medir en su defecto, la dimensión crepitante del hallazgo impactante en que nos encontrábamos repentinamente sumidos; o a lo mejor fuera finalmente por la falta de una botella de brandy para refrescar la media tarde de verano desde la ventana abierta frente a la calle peatonal en un domingo cualquiera de estos del verano en que no nos vemos.

Y al venir notábamos que con gran interés se generaban en el entreespacio que nos separa de nuestras miradas junto al amor, esos como eclipses llenos de ciertas diminutas formas naturales, en las que podía verse como si no durmiera previamente al sueño, o a un sonido más anterior y que demostraba que no es que algo hubiera sido creado simplemente, sino que es que siempre el proceso era de ser inconcluso y divino.

domingo, 31 de enero de 2010

El Pilar del Medio - Israel Regardie


En sí mismo la esencia de la mente es intrínsecamente pura no es ni peligroso ni explosivo. Pero si al individuo se le ha impedido tener acceso a la vida, debido a una mala adaptación al medio ambiente, si ha fracasado al expresar plenamente el Yang o el Yin de su naturaleza, esa represión será una constante fuente de irritación, existiendo siempre la probabilidad de una explosión psíquica.

Este falso dique es el obstáculo que se levanta en el curso del río, la resistencia psicológica, lo que constituye esa «mente» que asesina o impide la captación de la realidad. ¿Cuántos de nosotros comprendemos realmente la vida y el mundo tal como son en realidad? ¿Es decir, sin proyectar sobre nuestras percepciones el deseo de cómo nos gustaría que fueran? Pocos son capaces de ver sus acciones más profundas, las causas reales de la atracción hacia sus amigos o de las repulsiones hacia sus enemigos. No hay muchos, supongo, que en todo momento puedan explicar sus acciones en términos de consciencia. La mayoría de nosotros nos movemos gran parte del tiempo por impulsos involuntarios. Es verdad que los hábitos son una necesidad que nos ha sido impuesta por la evolución para asegurar el tranquilo funcionamiento de la psique. Pero sólo son necesarios en la medida en que permiten a la psique funcionar libremente. Y para muchos es justamente esa masa de hábitos y predilecciones la que constituye la barrera a la libre actividad de la psique. Si preguntamos a la gente sobre el propósito de sus hábitos y por qué creen que se formaron inicialmente obtendremos mucha información sobre lo implícito en la citada frase: «La mente es el asesino de la realidad.» De hecho, no es la mente la que inhibe nuestra percepción de la realidad, de lo que es valioso y deseable en la vida. Es a ese falso desarrollo de la mente la gran cantidad de prejuicios, deformaciones emocionales, filosofías incorrectamente formuladas y
supersticiosas, al igual que las reliquias heredadas de padres equivocados a lo que aquí nos referimos.
Y hasta que no lleguemos a entender su naturaleza y a percibir su alcance, no nos veremos libres de su dominio. Hasta que no hayamos comprendido a fondo nuestra propia conducta, los motivos y los mecanismos de nuestras propias atracciones y repulsiones, careceremos de verdadera visión.
Posiblemente podremos percibir entonces que lo que se halla bajo esta mente consciente que, hasta ahora hemos pensado que es la única realidad, el único criterio de juicio es una inmensa área de inspiración y belleza, la esencia intrínsecamente pura de la mente. Si pudiéramos abrimos y ser plenamente conscientes de esta esencia, de modo que sus contenidos pudieran ascender sin distorsión al campo de visión de nuestro foco de consciencia, empezaríamos a comprender como nunca la verdadera naturaleza de la vida y de sus problemas. «En ese caso», señala el Dr. Jung en sus Estudios de Psicología Analítica, «el Inconsciente nos concede la bendición y la ayuda que la generosa naturaleza está siempre dispuesta a dar al hombre a manos llenas. El Inconsciente tiene unas posibilidades de sabiduría que están totalmente vedadas al consciente... El Inconsciente crea combinaciones probables de la misma forma que lo hace la consciencia, sólo que son considerablemente superiores en refinamiento y
alcance a las combinaciones conscientes. El Inconsciente puede, por consiguiente, ser un guía incomparable para los seres humanos». Cuando se ha llegado a este estado o condición de consciencia, cuando lo que antes era inconsciente se ha introducido en el horizonte de la consciencia, toda la naturaleza de la vida cambia y se ilumina. Antes, todo era causa de miedo y terror. Casi todos los seres humanos poseen escondido algún complejo de inferioridad y alguna inseguridad. Todos, de una forma u otra, buscan elevarse por encima de dicha inferioridad y encontrar alguna roca segura en la que poder sentirse anclados. Cuando se llega a una comprensión de la «verdadera esencia de la mente», la inferioridad es prácticamente desterrada y se obtiene la seguridad; y podemos afrontar a la vida y a nuestros semejantes.