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sábado, 9 de julio de 2016

NADIE MUERE PARA SIEMPRE

Tr kk tllll estaba, ssssssssss, te esperaba b aba atrpala paintrutp, en n una casa, habitada por la luz, te esperaba, tu sabías, que yo estaba.
Tsssssssss enumerndo los ruiseñores, lentamente, dándolos al viento de la mañana, y si, es así, como yo te veía, como yo te pedía, como un barco, que busca la deriva, como en un sueño sin espejos, en el pequeño cuarto, donde cambiábamos revistas, y me hacías la mañana, y me dormías, como una danza de ramas en la noche, yo dormía y tu dormías.

De repente, se oyó una luz, se escuchó una ventana que se abría y sus pasos, la anunciaban, silenciosa, cadente, que venía, aproximativa, lucente, a darme la vida, a darme aliento.

Yo siempre que aprendía a hacer algo, lo aprendía a hacer en línea recta, y me costaba mucho cambiar el rumbo.

Y tenía cajas de fósforos, donde guardaba pedazos de soles, pedazos de retazos de mazos y a veces, me detenía a ver el ondulante sendero de tierra caldeada, miraba con incredulidad de ciego, como se perdía sinuoso en la cima de la loma. Miraba mi propia mirada mirando y no me parecía inverosímil, que la mariposa nocturna en pocos días y en pocas noches, se trastocara en finísimo polvo dorado en mi almohada. Y que tu te sentaras a esperar, yo nosotros, éramos como una especie de figurados gigantes hablarosos y nahuelbanes de osimana, que casi no cabíamos en el estrecho mar, y gozábamos, de perfecta inconsciencia y lucidez.
Dame tu mano y danzaremos; dame tu boca y me quedaré, por muchas, muchas vidas a la vera de la puerta de tu casa y organizaré ferias y carnavales y pintaré amarillas.



De una casa a otra, hay una gran distancia, yo lo escribo y lo digo, así ,como si hablara de cualquier cosa importante, solo que en la penumbra, de las tardes de abril, en el patio interior, cuando el aire es tibio y sostenido, cuando a los árboles les da por hablar entre ellos, de sus cosas pretendidamente personales, yo tiro mis cartas no leídas al viento (que no hay), yo abro las llaves de agua de la pileta, yo busco entre los pájaros ruiseñores, yo busco los pájaros que no cantan en la mitad de la noche, de los jilgueros y otros sin nombre, y vuelvo callado, lento, (no, no lento), cambiante.

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